Gestalt, espiritualidad y sectas.

No son pocas las veces que, en el ejercicio de mi profesión, me han preguntado por la vinculación que algunas personas hacen en relación entre Gestalt, espiritualidad y sectas.

Alguna vez, algún paciente, me ha señalado incluso las fuentes sobre las que se fundamentan estas apreciaciones, sitios de internet que he investigado, y que a mi modo de ver sustentan sus puntos de vista sobre la interpretación de algunas técnicas gestálticas, o de otras prácticas no relacionadas, y no sobre los preceptos sobre los que se yergue esta forma de hacer terapia. Claramente opiniones emitidas a partir del desconocimiento o desde un conocimiento muy superficial.

En palabras de Claudio Naranjo, referente vivo de lo que fue el caldo de cultivo que generó esta manera de hacer terapia en los años sesenta junto con Fritz Perls, “La Gestalt es una práctica ateórica para el cultivo de la consciencia”. La verdad es que su definición no nos lo pone muy fácil para explicarle a un neófito, en un primer acercamiento, en que consiste el proceso terapéutico que va a emprender, o bien de forma individual o bien de manera grupal.

También he escuchado decir, al mismo Claudio Naranjo, que “se trata de saber quién está detrás de lo que se hace y así desvelar el meollo de la vida”, definición un poco menos compleja pero que ha de levantarse sobre una premisa previa: el paciente ha de dar por válida la idea de que existe una entidad que no puede evidenciar individualmente, que es también él, y que se manifiesta, a veces, más fácilmente en relación con el otro, el inconsciente.

Esta parte de la psique humana, postulada por Sigmund Freud a finales del siglo XIX, aún se encuentra en debate dentro de los círculos científicos más cartesianos y newtonianos fundamentalmente por qué no se puede probar, a través del método científico, y no se puede cuantificar, mediante las matemáticas convencionales.

Entonces, sobre estas ideas podemos explicar para qué sirve la Gestalt, sin pasar por alto la enorme dificultad que tenemos para definirla, fundamentalmente por su simplicidad. “La Terapia Gestalt sirve para darme cuenta (hacerme consciente) de los mecanismos inconscientes que condicionan mi conducta, para poder de esta manera hacerme responsable (de lo que soy) dejando de culpabilizar a otros, y así tomar contacto con lo que lo que necesito (para sentirme satisfecho), todo esto sobre el hecho objetivo de que vivimos en un presente continuo y por tanto cambiante.

La mayoría de las veces, cuando una persona se acerca a terapia, la primera sesión se podría sintetizar en pocas palabras: “me está pasando algo que no estoy pudiendo controlar y se escapa de la imagen que tengo de mi mismo”.

Esta descripción permite intuir impulsos reprimidos, emociones no expresadas e ideas contradictorias, que pugnan por espacio y claman por su derecho a existir.

Es en este momento, denominado impasse, cuando puede comenzar un proceso de transformación, que en la mayoría de los casos no es perceptible como un acenso sino más bien como una sensación de descenso, una caída al vacío.

Una de las diferencias substanciales entre la Gestalt y otras corrientes terapéuticas radica, justamente, en la posición que asume el terapeuta, frente a estas situaciones. Los gestaltistas no inhibimos, no reprimimos o indicamos conductas positivas, tampoco evitamos el vacío, incluso lo promovemos (es importante aclarar que el vacío del que hablamos no se refiere a la desestructuración psicótica) sobre la certeza de que después de la expresión y el vacío emergerá algo real, nuevo y único. Un Yo estructurado a partir de la experiencia propia y no construido a partir de condicionamientos externos, algo así como un Yo coherente con lo que soy y no Yo como una imagen idealizada de mi, un personaje.

Es habitual que en momentos críticos los seres humanos nos encontremos con sensaciones que nos ponen la frente de una verdad inconmensurable: existe algo más grande que Yo, que tiene un orden incomprensible para mí y que regula todo, todo incluyéndome a mi. Una espiritualidad que se parece más a la rendición que al éxtasis, y sobre la que me puedo dejar descansar en un acto de humanidad y humildad. Gestalt y espiritualidad van muchas veces de la mano.

Las sectas se caracterizan por estar bajo la dirección de un líder que aglutina a un grupo de personas bajo una promesa de iluminación, realización o plenitud, muchas veces pretendiendo suplantar a la familia y ofreciendo una falsa protección, a cambio de la sumisión ideológica, utilizando para ello una narrativa mesiánica con una verdad incuestionable, que no siempre persigue fines económicos sino muchas veces solamente motivaciones narcisistas.

Así pues, Gestalt y espiritualidad, tienen mucho que ver, Gestalt y sectas, nada.

Publicado en revista Aarti, Marzo 2019.

18/05/2021
Oswaldo Velásquez Muñoz.